En defensa del hombre blandengue

hombre cuidando de niños

Cuánto ha llovido para algunos asuntos, y cómo (de mal) han envejecido.

Nos referimos exactamente a lo que nos avanzamos en el titular, al famoso ‘speech’ del Fary, y no es otro que el del ‘hombre blandengue’.

Hoy queremos hacerle nuestro homenaje (a los dos, en realidad) porque, ahora nos parezca algo totalmente chocante ver algo así en televisión, queda aún mucho que avanzar, pero, gracias a perlas como esta que nos dejó el Fary, también somos conscientes del gran camino que ya hemos recorrido. Y menos mal.

El Fary detestaba (literal, en su entrevista televisiva) al ‘hombre blandengue’, un concepto que él traducía como “ese hombre de la bolsa de la compra, del carrito de coche con el niño”, asegurando que las mujeres se aprovechaban de este tipo de hombre.

El vídeo se hizo viral el día de la muerte del cantante, en 2007. Y lo revisitamos para hacer un homenaje a ese ‘hombre blandengue’ que, por suerte, hoy forma parte de nuestro día a día.

Nuestro tributo

A ti, hombre blandengue, por llegar cansado del trabajo, igual que yo, y bañar a los niños y hacer la cena.

A ti, hombre blandengue, por acordarte también de las fechas de los cumpleaños de las personas de tu vida.

A ti, hombre blandengue, por inspirarnos y ser tan masculino y sexy como para pintarte las uñas como Bad Bunnie o Jonathan Van Ness.

A ti, hombre blandengue, por hacer la compra, igual que yo, aunque sea lo último que te apetece un sábado por la mañana después de una semana agotadora.

A ti, hombre blandengue, por mediar en los conflictos familiares y sociales y no dejarme sola con el marrón.

A ti, hombre blandengue, por amar a tu mascota más que a ti mismo.

A ti, hombre blandengue, por cuidar a tus padres y quererlos por encima de todo lo demás.

A ti, hombre blandengue, por entender que la cosmética y el protector solar también es para ti.

A ti, hombre blandengue, por no explicarme todo dos veces como si no lo entendiera a la primera.

A ti, hombre blandengue, por ocuparte igualmente de las necesidades de tu bebé.

A ti, hombre blandengue, por saber planchar una camisa y planchar las mías también.

A ti, hombre blandengue por no empeñarte en darme una solución cuando lo único que necesito es desahogarme.

A ti, hombre blandengue, por hacerte la manicura y quitarte los pelos de la nariz y las orejas porque te da la gana.

A ti, hombre blandengue, por quererte y cuidarte, a ti y a tu entorno.

A ti, hombre blandengue, por entender que la cortesía y la generosidad no tienen género.

A ti, hombre blandengue, por tener la certeza de que no siempre tienes que estar disponible para el erotismo.

A ti, hombre blandengue, por llorar y hacerlo tan bien y tan bonito.

Y sobre todo, gracias a ti, Fary, por recordarnos todo lo que hemos avanzado. Si siguieras aquí, seguro que también te hubieras convirtiendo en un hombre blandengue… ¡por derecho!

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