Reflexiones Ángela Navarro: Bienvenidas (de nuevo) a vuestras vidas

Hoy, el Equipo AN queremos hacer una reflexión especial para darle a esta costosa etapa postvacacional un halo de bienestar. Porque la belleza, también se cultiva desde el interior. Esperamos que os guste:

Los 365 días del año forman nuestra vida, pero lo cierto es que las vacaciones tienen algo de irreal. Para quien venga con el síndrome innombrable, tenemos buenos augurios.

Todos los años igual. Somos repetitivos hasta la médula. Es como un mantra anual, un diálogo perfectamente coreografiado que no se cuestiona: “¿Qué tal las vacaciones?” “Cortas”. Sonrisas y algún “bueno, poco a poco…”. Y ahí queda todo. Entonces nos inunda una pereza supina ante la idea de hablar de ellas y detallar los pormenores. Porque las vacaciones son descanso, y no apetece contar cómo lo hemos hecho. Tener tiempo libre consiste, entre otras cosas, en no monitorizarlo, ni el tiempo ni nada. Y es que en nuestra cultura, las vacaciones son más descanso que disfrute. Descanso para volver con más ganas y con más fuerza.

La rentrée es un termómetro perfecto

Y nosotras nos hacemos una pregunta: ¿no son las vacaciones y la rentrée los termómetros perfectos para saber cuánto disfrutamos de nuestro trabajo? ¿para resetear y ver si hay algo que cambiar? ¿no es una suerte tener la oportunidad de parar y comprobar qué hemos sentido cuando lo hemos hecho? Como esa caja sin razón que permanece todo el año en una esquina del salón, y que solo somos capaces de ver al volver de las vacaciones.

Vivimos todo el año en piloto automático, incluso para el ocio y el tiempo libre, haciéndolo todo como autómatas que creen que necesitan hacer lo que hacen, sin cuestionarse nada.

Recupera tu vida

Nosotras llegamos con ganas, con avidez por recuperar nuestras vidas y hacer que cada año (o cada curso) de no-vacaciones seamos capaces de incorporar más actividades y, sobre todo, más actitud de dolce far niente. Pero volvemos encantadas con la idea de ponernos detrás del tocador, del lavacabezas, delante del espejo, del ordenador, en el taller, de subir la persiana cada mañana, volver a mirar a los ojos de nuestras clientas, compartir novedades con nuestros compañeros y ver qué se cuece cada día.

Seguro que si preguntas a cualquiera qué es lo que no le gusta de su trabajo, casi nunca será el trabajo en sí, sino los horarios, madrugar o ir siempre con prisas a todas partes.

Antes de angustiarte por la rentrée, date permiso para detenerte un poco y piensa que somos lo que hacemos. Reflexiona acerca de lo que tienes, cuáles son esos momentos que te dan la vida cada día o a lo largo de la semana, y haz una lista con todo lo que podrías cambiar, incorporar o implementar en tu día a día para que sea más llevadero. Porque eso que pasa cada día no es ni más ni menos que tu vida. Sea en noviembre como en agosto.

¡Bienvenidas!

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