Ángela Navarro: el ejemplo de una mujer valiente e independiente, que apostó por el matriarcado.

En el Día de la Mujer, ella es nuestra inspiración.

Es el alma de nuestra casa, Ángela Navarro, una mujer visionaria y valiente que siempre tuvo una mirada abierta, amplia, sin límites ni fronteras.

Una visión infinita que le hizo ser en cada momento lo que ella y la sociedad estaba necesitando. Ella, y ella al cuadrado, porque hay cuatro Ángelas: la empresaria, la mujer, la madre y la esposa, todas ellas conciliadas con determinación y el carácter indómito que reconocen a la perfección los que la tratan a diario desde hace tantos años.

Detrás de Ángela Navarro, además de la historia de sus seis salones de lo más variopintos, el reinado de la Pasarela Cibeles, y la clientela más cosmopolita con momentos que dan para un documental, hay una mujer curiosa como pocas que, en los años en que no se concebía el papel de peluquería de rodaje ni en televisión, ni en cine ni en productoras, ella se colaba entre cajas para ver de qué iba aquello, porque le fascinaban los entresijos tras los focos. Así que cuando empezó a colaborar con los mejores fotógrafos del país en aquella época, los que se ponían detrás de la cámara para las mejores modelos del mundo, allí estaba ella, aprendiendo, quitando ese cabello que estorbaba de la cara o aplicando polvos matificantes para eliminar los brillos de los focos sobre la piel.

La formación, su obsesión

Tanto en su propio aprendizaje como en la transmisión a su equipo, para ella el saber es clave. Y eso es lo que la llevó a viajar por todo el mundo para peinar y maquillar algunas de las mejores producciones de moda que se han hecho en este país. Pero siempre tenía presente a su familia. Si iba a ausentarse varios días para atravesar el océano, aprovechaba los fines de semana para cocinar para los suyos y que no les faltara comida casera en la nevera y la despensa. Un matriarcado que no ha sido fácil, “porque solo puedes con tanto esfuerzo si tienes un amor profundo por tu profesión y por tu familia”, dice emocionada.

Respecto a su profesión “ahora toca mirar para adelante y hacer lo que mejor sabemos: cuidar la imagen, diagnosticar cosmética, ayudar a personas con alopecia adaptándonos a la nueva realidad y haciendo uso de las nuevas tecnologías. Hoy más que nunca hay que poner en valor la artesanía de nuestro oficio y el saber hacer de los profesionales que trabajamos cada día en la que, para mí, es la profesión más bonita del mundo”, dice, determinada.

Y respecto a su familia, no se separa de sus dos hijas, a quienes ha delegado hace dos años el futuro de la empresa: Bea, que se ocupa de la dirección general y la gestión digital, y Ana, directora del salón y alma del contacto directo con la clientela.

Aglutinando a todas ellas, el marido de Ángela y padre de Bea y Ana, Paco. “Mi marido fue un señor al que no necesitaba económicamente, en un momento tan complicado como era aquel, ha dado siempre la cara por mí, como padre y compañero, con todas las dificultades por las que pasamos… Sin él nada hubiera sido posible, y desde aquí le doy mi máximo agradecimiento”, admite Ángela sin titubear.

Una mujer completa que lucha por la brecha de género desde que tiene uso de razón.

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